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Cómo trabajar la tolerancia a la frustración en los menores para que no se conviertan en adultos impulsivos 

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Rabietas, gritos o lloros son algunas de las reacciones más comunes en los menores cuando no consiguen ‘salirse con la suya’ o fracasan realizando una determinada acción. Y es que es en ese momento cuando aparece la frustración, una emoción que aflora en aquellas situaciones en las que no se dan cuenta que no pueden conseguir algo que es importante para ellos. Frente a estos momentos que pueden provocar enfados, impulsividad e incluso agresividad, es fundamental trabajar desde edades tempranas la tolerancia a la frustración con el fin de prepararles para hacer frente de manera positiva los retos y problemas. 

¿Qué es la tolerancia a la frustración? 

“Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, y las molestias o incomodidades que puedan causarnos. Por lo tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse”, explican desde FAROS Sant Joan de Déu, la plataforma de promoción de la salud y el bienestar infantil del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona). Y es que durante la infancia, muchos menores suelen estar acostumbrados a las facilidades y a conseguir todo lo que quieren, lo que supone un caldo de cultivo ideal para que aparezca la frustración. “Piensan que el mundo gira a su alrededor, que se lo merecen todo. No saben esperar porque no tienen desarrollado el concepto del tiempo ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los otros”, prosiguen desde FAROS. 

Tolerancia A La Frustración

Y esta situación se encuentra estrechamente relacionada con la educación que reciben en sus casas, según explican los expertos del hospital catalán. “Cuando se intenta complacer siempre a los niños y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación, no se favorece su desarrollo integral como persona, puesto que cuando sean adultos tendrán que enfrentarse a circunstancias tanto de éxito como de fracaso, para las que no tendrán las habilidades necesarias para superarlas”. Así, los pequeños que tienen una baja tolerancia a la frustración suelen presentar dificultades en la adaptación a los cambios, piden las cosas de manera exigente, reaccionan con rabietas o de manera agresiva cuando sienten un poco de frustración y abandonan frecuentemente las tareas que les cuesta más realizar, como apuntan en PsicoAbreu

Además, todo esto repercute en su futuro, pues los que no lo han trabajado durante su infancia y adolescencia, posiblemente se convertirán en adultos con dificultades para controlar sus emociones, muy impulsivos e impacientes; con poca capacidad de reflexión y adaptabilidad y con mayores posibilidades a presentar problemas de ansiedad o depresión ante grandes conflictos o dificultades.

Cómo trabajarla desde edades tempranas

Con el fin de evitar que la baja tolerancia a la frustración repercuta negativamente en la forma de ser y actuar de los menores, los expertos recomiendan seguir una serie de pautas y consejos que permitan desarrollar una actitud más crítica y positiva para enfrentar los problemas. En este sentido, desde FAROS reivindican que las familias se comporten como ‘modelos’ de los niños, con el fin de hacerles ver cómo afrontan ellas mismas problemas y dificultades cotidianas. También indican que es importante enseñarles a identificar las emociones qué sienten y a ponerles nombre. Por ejemplo, pueden etiquetar la emoción que está sintiendo para que aprendan a reconocerla; también aconsejan no decir que sí a todo lo que pidan ni resolverles los problemas que pueden aprender a afrontar solos.

La doctora Estrella Flores-Carretero, del Instituto Europeo de Inteligencias Eficientes (IEIE), enumera algunos ejercicios fáciles que pueden realizarse con los pequeños para ayudarles a identificar la baja tolerancia a la frustración y así trabajarla. Algunos de ellos son:

  • Pedirles que se dibujen de cuerpo entero. En él deben colorear aquellas áreas donde sienten molestias cuando tienen un momento de enfado para que, cuando sientan ese ‘dolor’, sean conscientes de él y acudan a un adulto para hablar de la situación que lo causa.
  • Mostrarles que deben reconocer las razones por las cuales se sienten molestos. Es importante que las verbalicen o hacerles saber que cuando tengan una crisis siempre van a tener sus familias al lado para escucharles. 
  • Recuperar la tranquilidad. Para ello, puede enseñarse a los menores a realizar algunos ejercicios relajantes o respiraciones profundas. 

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